jueves, 10 de febrero de 2011

Cuadernos de Djibouti (II)

Zeinab

Djibouti, 1 de febrero, 2001



El viaje pasa factura, y me levanto bien entrada la mañana.
Fathouma, una de las dos mujeres que trabajan a días alternos en casa, plancha en la cocina después de haber paseado por toda la casa el brasero con el humeante incienso. Su leve bruma y su dulce aroma sirven además para ahuyentar los pocos insectos que logran burlar las mosquiteras.
Dos mujeres se ocupan de su casa, Fathouma y Zeinab. Las labores de portería están repartidas entre Wandewoussen y otro somalí, que trabajan a turnos. En todas las casas de cooperantes, y en general de la colonia extranjera, se sigue esta dinámica, de tal manera que cuando llegas prácticamente no existe la posibilidad de negarte a ello. Se trata de una costumbre residual de la época colonial francesa, pero el exquisito trato de Alberto con todos ellos lo convierte en acción social.
Aparte del sueldo con el que Fathouma saca adelante a su numerosa familia, Alberto cubre las cotizaciones que faltan para su inminente jubilación.
El caso de Zeinab, una preciosa joven etíope, es bien diferente. Zeinab fue acogida en casa de Ermano (así, sin hache) cuando vagaba sin rumbo por la capital. Ermano es uno de los mejores amigos y colaboradores de Alberto aquí. Natural de Djibouti, cursó estudios universitarios en París y recorrió Europa antes de regresar a su tierra. Su humilde casa da refugio a Zeinab, y al menos a tres jóvenes más, además de la abuela, viuda y víctima de una dolencia cardíaca a quien han traído de la aldea. Todo se comparte con la mujer y los hijos de Ermano.
Al igual que las otras personas acogidas, Zeinab aporta con su trabajo en casa de Alberto el dinero para su manutención en casa de Ermano. Paralelamente, Alberto y Ermano, junto con alguna persona más, dan forma a un proyecto para crear un puesto de trabajo para ella en su aldea, en Etiopía, con la esperanza de poder algún día reintegrarla allí.
El caso de Wandewoussen es también similar. Su trabajo como portero le permitirá en 2 ó 3 años tener los recursos suficientes para volver con su familia, que permanece en Etiopía, y construir allí una casa y un nuevo proyecto de vida.
Como decía, Fathouma plancha en la cocina. Es somalí, y tiene el aspecto de la típica madre abuela africana, de formas rotundas y belleza perigordiense. Parece que no sabe nada, pero lo sabe todo.

3 comentarios:

conxa dijo...

ufff no veo nada, y no tengo las gafas!!!

Vuelvo otro rato con ellas!!!

conxa dijo...

he tardado en volver, pero he vuelto.

¿es veridico? es novela??

Ajuan dijo...

Son trozos de mi diario de viaje Conxa. Me dió por escribir.
Un saludo